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Los museos más increíbles de Europa

1. Museo de Pérgamo (Berlín, Alemania)

Este museo, el más visitado de Berlín, se encuentra dentro de la llamada Isla de los Museos, donde están los edificios más emblemáticos de la capital alemana. Inaugurado en 1930, incluye tres museos en uno: la Colección de antigüedades clásicas, el Museo del Antiguo Oriente Próximo, y el Museo de Arte Islámico.

La originalidad de este museo reside en el concepto: en vez de trasladarse las obras a un edificio ya construido (como suele ser habitual), primero se trajeron dichas obras y alrededor de ellas se construyó el museo. Algunas de las joyas arquitectónicas de la Antigüedad más importantes recuperadas en excavaciones se encuentran en el interior, diseñado específicamente para ellas.


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2. Museo del Hermitage (San Petersburgo, Rusia)

Se trata de una de las mayores colecciones de antigüedades de todo el mundo. Este complejo de seis edificios se encuentra a las orillas del río Neva. El Palacio de Invierno, diseñado por el arquitecto italiano Francesco Bartolomeo Rastrelli a mediados del siglo XVIII, es el más importante de todos ellos y a su alrededor se encuentran las demás construcciones: el Pequeño Hermitage, diseñado por Vallin de la Mothe y que cuenta con un jardín colgante; el Viejo Hermitage, conectado a los demás edificios a través de un arco que atraviesa un canal; el Teatro del Hermitage, diseñado por Giacomo Quarenghi; el Nuevo Hermitage, que fue el primer edificio construido para albergar arte en Rusia, y del que destaca su gran pórtico; el Palacio Menshikov, que un día fue considerado el más lujoso de toda la ciudad; y el Edificio del Estado Mayor del que destaca el arco sobre el que se encuentra una escultura de bronce que representa un carro guiado por seis caballos.


 

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3. Museo Británico (Londres, Reino Unido)

Este museo, inaugurado en el año 1759, es hoy en día uno de los más visitados de Europa. En un principio, ocupaba la Mansión Montagu, que se quedó pequeña, por lo que se construyó un nuevo edificio, diseñado por el arquitecto Robert Smirke a principios del siglo XIX. Se trata de una construcción de estilo griego renacentista que emula la arquitectura de la Grecia Clásica. El edificio fue construido con una técnica muy avanzada para la época: sobre un suelo de hormigón se erigió una estructura de acero ‘rellenada’ más tarde con ladrillo. Se llevó la Medalla del Instituto de Arquitectura Británica. El hermano del arquitecto original se encargó de diseñar el Hall, que fue el primer edificio público con iluminación eléctrica.

Una bomba de la Segunda Guerra Mundial dañó la Sala Duveen, diseñada por John Russell Pope unos años antes, por lo que tuvo que ser reconstruida. Una de las últimas ampliaciones fue el Gran Atrio de la Reina Isabel II, diseñado por Norman Foster e inaugurado en el año 2000.


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4. Museo de Orsay (París, Francia)

El museo se encuentra en una antigua estación, la Estación de Orsay, diseñada por Victor Laloux para la Expo de 1900. La construcción constaba de una estructura metálica cubierta por una fachada de piedra de estilo ecléctico. El interior tenía un estilo modernista. La estación empezó a estar en desuso y a ser utilizada para fines diversos, como la mensajería durante la Primera Guerra Mundial o escenario de películas, hasta que en 1977 el Consejo de Ministros decidió instalar el museo y el edificio fue declarado histórico unos años más tarde.

La transformación respetó la estructura y la arquitectura originales y la reinterpretó para su nuevo cometido. El proyecto de los arquitectos Bardon, Colboc y Philippon fue el elegido en concurso.


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Museo Guggenheim (Bilbao, España)

Este llamativo edificio forma parte de la reconstrucción de la orilla de la ría de Bilbao, que ha pasado de ser eminentemente industrial a ser un ejemplo de urbanismo y atraer a turistas de todo el mundo. Inaugurado en el año 1997, el museo fue diseñado por el arquitecto Frank Gehry, que consiguió aprovechar el emplazamiento entre el centro urbano y la ribera de Bilbao, pero sin sobrepasar en altura ni destacar en exceso sobre los edificios de su entorno. Tiene una superficie total de 24.000 metros cuadrados.

Su fachada destaca por sus formas curvilíneas, pero también por sus materiales de construcción: la piedra caliza, las cortinas de cristal y las planchas de titanio aportan al edificio esa espectacular imagen. El edificio recuerda a un barco, en honor a su emplazamiento, y sus paneles brillantes recuerdan a las escamas de un pez, algo común en la arquitectura de Gehry.

 

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